PURA SALUD AL ALCANCE DE TODOS

El té verde, rojo y negro provienen de la misma planta, lo que los diferencian son sus procesos de elaboración. La particularidad que hace que el té verde sea considerado prácticamente una auténtica “medicina natural” es que no se fermenta, lo que hace que mantenga sus componentes naturales prácticamente igual que en su estado natural. De hecho, antes de convertirse en un placer, beber té fue un remedio eficaz contra innumerables dolencias en la antigua China (país origen del té). Por ello, a lo largo de miles de años, los chinos han considerado el té como una de las 50 plantas medicinales básicas. En las últimas décadas, los científicos han investigado las propiedades del té verde realizando numerosas pruebas de laboratorio, que no han hecho más que que corroborar las cualidades atribuidas por la medicina tradicional China, y descubrir nuevas utilidades. Sus principales propiedades son: Es un poderoso antioxidante, refuerza el sistema inmunitario, mejora la circulación en general, ayuda a reducir el colesterol, ayuda a prevenir ciertos tipos de cáncer, ayuda a prevenir enfermedades cardíacas, muy saludable para la boca por su alto contenido en flúor. El té verde tiene un bajo contenido en teína, y debe prepararse con agua que no esté “hirviendo”, ya que las hojas se cuecen y el té sale demasiado amargo. Con el agua entre 75-85ºC y entre 2 y 3 minutos de reposo obtendremos una infusión muy aromática y reconfortante.